HISTORIAS CAMPESINAS, EN RELATOS DE MUJERES es una iniciativa que surgió del trabajo que durante más de 25 años ha venido realizando la Fundación Convite Cultural con comunidades rurales en su apuesta por el reconocimiento y el impulso de la mujer rural en su aporte en la organización comunitaria, el cuidado y la prevención en salud en su comunidad, su liderazgo en procesos de protección de los recursos naturales, su compromiso con actividades de desarrollo y bienestar, su dinámica para generar recursos y fortalecer los oficios tradicionales en la gastronomía, la artesanía y los cultivos típicos de su sector.
Estos procesos los hemos acompañado en municipios como Tibasosa, Gámeza, Tópaga, Socotá, Paz de Río, Betéitiva, Guayatá, Mongua y Floresta, cumpliendo nuestro compromiso con los valores culturales tradicionales y la proyección de la mujer como protagonista de su familia y de la comunidad, que ahora suman a Busbanzá, Santa Rosa de Viterbo, Socotá, Tibasosa, Tinjacá, Tópaga, El Cocuy, Guacamayas y Labranzagrande, donde se logró otra experiencia de trabajo con mujeres campesinas para que primero contaran su historia, su territorio, su vereda y pudieran tener visibilidad. Por lo anterior, este proyecto es parte de nuestra esencia, de la pertinencia y coherencia con la que hemos actuado especialmente en ejercicios de investigación, los procesos de comunicación para el cambio social y el periodismo narrativo que mueve nuestro quehacer por sectores y veredas, por personajes e historias que arrancamos de su rancho, de su parcela, de su ocupación para hacerlos visibles, comprender su realidad y sumar aprendizajes.
Los temas de la primera edición tuvieron que ver con mujeres campesinas arraigadas en el territorio y su quehacer cotidiano, como coser y sembrar; el arte de tejer y su relación con el ritual de la danza; la tagua y su transformación en manos talentosas para dar vida a diferentes piezas artesanales; la elaboración de almojábanas desde la receta ancestral; el oficio del pastoreo y su relación con el territorio y la vecindad; el talento para la canta y la composición de la música campesina, la gastronomía tradicional y las labores de la molienda en el trapiche.

EL PROCESO
El proyecto se realizó con pasión por todos los que nos vinculamos, que encontramos muchos más de lo que buscábamos, que fue una experiencia única y de crecimiento personal y profesional y que nos encontramos con mujeres y familias muy boyacenses, rurales, donde a pesar de las circunstancias adversas por la pandemia, nos recibieron “con los brazos abiertos”, con sencillez, humildad y mucha generosidad. Que encontramos mujeres de una calidad humana impresionante, con muchas ganas de contar, contar de su vida, de sus alegrías y de su territorio. El proyecto se desarrolló mucho más allá de su objetivo, ya en terreno fuimos testigos de esa riqueza narrativa y la realidad territorial y cultural de la mujer campesina boyacense. En la primera edición nos topamos con seis (6) mujeres de los municipios de Busbanzá, Santa Rosa de Viterbo, Socotá, Tibasosa, Tinjacá y Tópaga, que desde su oficio o actividad nos permitieron dar cuenta de esa cultura campesina, de su identidad con la vereda y las relaciones que tejen en la cotidianidad para aportar al desarrollo y mejorar la calidad de vida, pero sobre todo que son muy felices.
La segunda edición, después de nuestro recorrido por las provincias de Gutiérrez y La Libertad, de echar pata por caminos y barrizales, de conversas emotivas, múltiples aprendizajes, de abrazos sinceros, de conocer mujeres y familias con el arraigo boyacense, de sentir de nuevo el placer de caminar nuestra tierra y reivindicar esta pasión por narrar nuestras vivencias, costumbres e identidades, nos permite contar otras cuatro (4) historias de mujeres que dan cuenta de su territorio. Flor Ángela Carrero, en El Cocuy, creció entre los quehaceres del hogar y los bailes milenarios que aprendió de sus ancestros. Ahora danza llevando en sus pies el pasado y la memoria. Rosa Matilde Arenas, en Guacamayas, campesina emprendedora y artesana, con sus manos da forma a la paja y al fique para convertirlo en una obra maestra de la cestería. Allí en medio de las montañas que les sirven como resguardo e inspiración, en la vereda Uragón. María Leonilde Barrera, una brega cotidiana por la vida. Aferrada al territorio entre la siembra, el trapiche y la molienda en la vereda Óchica, sector La Montañas del municipio de Labranzagrande y Claudia Esperanza Torres Calderón, una mujer trabajadora y de familia, que en el municipio de Labranzagrande brinda las mejores hallacas de la región y conserva la esperanza que algún día alguien pueda seguir su legad.
Se ha logrado la producción y difusión de los diez (10) relatos audiovisuales en los municipios de Busbanzá, Santa Rosa de Viterbo, Socotá, Tibasosa, Tinjacá, Tópaga, Guacamayas, El Cocuy y Labranzagrande, Son mujeres campesinas arraigadas en el territorio y su quehacer cotidiano, como coser y sembrar; el ritual de la danza típica la tagua y su transformación en manos talentosas; la elaboración de almojábanas desde la receta ancestral; el oficio del pastoreo y su relación con el territorio y la vecindad; el talento para la canta y la composición de la música campesina, el arte de la cestería, la brega cotidiana con el trapiche y la molienda y el sabor inigualable de las hallacas. Proyecto dirigido por el periodista Guillermo Patiño Mesa con el apoyo del Ministerio de Cultura, Programa Nacional de Concertación Cultural y realizado por la Fundación Convite Cultural.
Fundación Convite Cultural
152260
Calle 1 sur No. 8 – 64 Barrio Santa Helena
deconvite@gmail.com
310 3394684
Tibasosa – Boyacá

