Concurso de copla y baile carranguero
El festival “EL QUE CANTA SUS PENAS ESPANTA”, concurso de copla y baile carranguero, es un escenario para que se junten hombres y mujeres de distintas regiones de Boyacá, con el ánimo de compartir y dar testimonio de las diferentes manifestaciones de la copla o canta tradicional, donde al ritmo de la música campesina se muestre el baile típico de esta parte del país, con lo cual se abre un espacio para hacer un registro de la tradición oral y se visibilizan a las auténticas copleras y copleros del departamento.
La Fundación Convite nos permite trabajar en lo que más nos apasiona y es ese encuentro con las comunidades y sus saberes, desarrollando procesos de formación, empleando medios de comunicación como la radio escolar, la radio comunitaria, los formatos audiovisuales y las tecnologías disponibles en redes sociales, aplicaciones y teléfonos móviles. Cada proyecto es una experiencia colectiva, siempre ponemos a disposición nuestros conocimientos pero también recogemos el de los otros, lo cual nos permite construir procesos y sobre todo reconocer nuestro departamento, sus pueblos y veredas para escuchar y compartir las historias de esta tierra de libertad, que es el encanto que tiene la copla, pues cada una es una vivencia, es un pregón, es la manera creativa para “poner de presente” nuestra identidad.
El coplero y la coplera tienen su quehacer y su socialización en espacios muy reducidos: su casa, la fiesta familiar, las celebraciones especiales y su vereda, lo que muchas veces los deja en el olvido o el anonimato. Posibilitar un escenario mucho más amplio y con difusión a través de plataformas virtuales y un medio radial garantiza que su voz, su trabajo y su repertorio sea conocido más allá de su propio terruño.
Reconocemos que una dificultad radica en el hecho de tener que dejar la familia, los quehaceres y las obligaciones por un día para llegar al Encuentro y venir cargado de coplas y alegrías, pero ante todo de pinta y gracia para ganarse el reconocimiento del público y poder regresar con algo más de felicidad. Sin embargo más allá de esto, su reencuentro con otros paisanos, el trazo de historia, el trozo de tierra y de fruto que deja con cada copla se va por dentro, en una conquista difícil de describir que lo hace sentirse más coplero y eso en últimas es lo que lo hace saber que valió la pena el viaje y que todo esfuerzo justifica su razón de ser. una forma de dejar registro de la tradición oral de la vida campesina,
En Boyacá hay investigaciones y trabajos que dan testimonio de las miles y miles de coplas o cantas, con sus diversas variaciones y acomodaciones dependiendo del lugar o la región donde se recrean, escritos que otros ponen de presente, pero muy poco de la herencia y esencia misma del coplero, quien concibe su arte, su arraigo y su patrimonio cultural en la romería y el encuentro en la plaza pública. Por eso un escenario lleno de las cosas típicas de un domingo en el pueblo, un domingo vestido de los mil colores de la fiesta popular, con músicos de tiple, guacharaca, requinto y guitarra, de ruana, cotiza y sombrero, que al son de la interpretación unos por aquí, otros por allá, van sacando pareja para echarse un pati´rralo o un bailao. No hay más razones, la disculpa es la vida y la vida es para ponerle clavo y canela y gozársela al son de una rumba y una canta.
Aunque en otros eventos se han recogido testimonios y registro del encuentro coplero, se hace necesario tener a disposición un material audiovisual y escrito muchos más elaborado que sirva de testimonio y de consulta para esta y las futuras generaciones, pues como dice la historia “aquello que no se cuenta o no se escribe, no existe”, aquí hay que dejar trazos para que los sentidos puedan percibir y disfrutar esta tradición milenaria, auténtica de Boyacá.
Qué más razones para abrir el telón y que “mi voz suba al monte y retruene, eso pide mi garganta desde ahora y desde siempre”, pues desde el uso auténtico, preparado o repentino, con cada uno de los cuatro versos se escribe la historia, se da testimonio de la vida, sus olvidos y los ausentes, de las tristezas, familia, compadres y vecinos, angustias y alegría y en últimas sirve para gozarse la vida, plasmar tantica alegría a sabiendas que “El que cantas sus penas espanta”.
EL FESTIVAL
El festival “EL QUE CANTA SUS PENAS ESPANTA”, concurso de copla y baile carranguero, en nuestro caso es una apuesta que apenas está arrancando y que ha encontrado buena sintonía en las veredas que hemos caminado y hay una alta voluntad para que con este tipo de ejercicios muchas campesinos, músicos, copleros y tejedores de la palabra puedan “salir” de su territorio y que otros conozcan y reconozcan su trabajo, sueños, alegrías, tristezas y pensamientos. Y claro que estará presente la actualidad, como es la pandemia que vivimos, pues dará de qué hablar por mucho tiempo y será la copla la encargada de registrar y contar sus historias, especialmente de los sectores rurales, quizá para entender y poner de presente cómo la vivieron, qué les cambió en su rutina cotidiana y las nuevas relaciones o costumbres que a partir de ahí se han podido tejer.
Así que el Festival es el escenario, la necesidad es primero de un reconocimiento por esta tradición innata; segundo una visibilidad para quien la mantiene, la compone y la echa; tercero, un encuentro tan urgente y necesario para compartir con el otro, para sentir que somos comunidad, que aún es posible el abrazo y la palabra mirándose a la cara; cuarto, por esa alegría que nos debemos, esa recarga de energía que se requiere para seguir caminando y quinto, porque hay que seguir brindando lo que se heredó, dando testimonio de nuestra tradición oral y dejarla en el escenario y en la memoria.
Serán, entonces, copleras y copleros, portadores de la memoria local, quienes contarán su historia de vida una manera espontánea y relatando lo que ha pasado en su vereda, en su sector, en su lugar de vivienda, con su atuendo cotidiano, su manera de componer y echar la copla, con la menor intervención posible para que el relato resulte lo más natural posible, pues el lugar y el tiempo brindarán la posibilidad de estar a gusto, sin mayores interrupciones ni afanes, que haya espacio para que la palabra vuele fresca y desnuda, tal como se conversa en la casa, con la familia, en la vereda, en la siembra, en la cosecha, en la tienda.
Entendiendo que una de las mayores dificultades o desafíos de estos espacios es garantizar su amplia difusión y circulación, hemos pensado en una transmisión vía streaming para que se pueda acceder desde cualquier parte del mundo y a través de la radio como ese elemento infaltable en las labores cotidianas y de amplia cobertura. Y para quienes no pueden estar o sintonizar, estará disponible el material de memoria del evento, tanto en un documento escrito como en las piezas audiovisuales que circularán por las plataformas virtuales.
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