Es una tradición histórica, cuyas funciones sociales se imponen a las productivas, la cual debe recrearse como una de las manifestaciones más auténticas de identidad y fraternidad entre los pueblos y las comunidades

"Convite invoca reciprocidad, ayuda mutua y trabajo en conjunto de varios individuos, colectivos u organizaciones. En las zonas andinas del centro y sur del país, convite implica también alegría, fiesta y espacios para compartir todo aquello que procura goce o contribuye a la vida –por ejemplo, los alimentos - a partir de esfuerzos colectivos que suelen ser resultado de la autogestión. En el convite no solo participan los habitantes de un mismo lugar, sino todos aquellos que se quieran sumar". (Fuente: definición inspirada en El convite como estrategia de construcción comunitaria, Muñoz Marín, V. A., 2021).

 

La prueba de que la satisfacción de la necesidad de asociarse no es fruto de las civilizaciones desarrolladas, es la existencia desde la prehistoria del CONVITE, el cual posibilita el espíritu de fraternidad en torno al ideal de desarrollo: desde la asociación libre para construir un templo a los dioses, a la participación para colectar una siembra, hasta la influencia de a multitud  con pica y pala para construir un camino.

La existencia de espacios territoriales comunes entraña una lógica social vinculada a su propia existencia, una lógica que implica unas relaciones de cooperación y solidaridad muy asociada a la idiosincrasia del campesino, que está articulada a las relaciones sociales tejidas por siglos de compartir terrenos abundantes, sin parcelación física y de escasez de brazos para trabajarlos.

Los convites, se los ve como costumbre campesina dotada de un contenido de tipo folclórico, pero en la raíz de esta “costumbre está la satisfacción de una necesidad. Los convites se desarrollaban con el propósito de efectuar un trabajo social o productivo, en un contexto común que permitía la realización de labores colectivas sin la mediación del salario o pago alguno. Entonces es la satisfacción de necesidades humanas las que son determinadas históricamente.

Entonces, estas relaciones de cooperación-solidaridad si bien se transforman con la modificación de las relaciones de propiedad, con el advenimiento del capital, afloran y permanecen más allá de la “partición de la tierra”. Estas relaciones de cooperación forman parte del conjunto de relaciones sociales de la producción, correspondientes a formas particulares de relacionamiento de los individuos entre sí y de estos con la propiedad.

Las necesidades de los sujetos no sólo deben verse desde la perspectiva económica, sino desde la perspectiva de las relaciones sociales en el marco de un sistema productivo; “la reducción del concepto de necesidad a la necesidad económica constituye una expresión de la alienación de las necesidades…”; pues las mismas implican un entramado cultural que cruza transversalmente esas relaciones sociales, en ese sentido, en ellas se compromete la espiritualidad: donde confunde la cosmogonía cristiana con los mitos vinculados al quehacer productivo, a la salud, a las relaciones interpersonales, es decir, se envuelve el mundo simbólico-espiritual, como parte de las relaciones sociales y económicas. En otras palabras, se involucra la densidad que adquiere el entramado social y por tanto le dan particularidad a las relaciones sociales tejidas entre los sujetos y dentro de éstas, a las relaciones económicas mismas.

Es un sistema cooperativo de trabajo, que el campesino aún llama “convite”, mediante el cual el campesino invita a sus vecinos a que le ayuden en determinadas tareas que ameritan el empleo de decenas de trabajadores…. Así también el campesino favorecido está en la obligación, en reciprocidad, de ayudar en otra oportunidad a quienes le prestan su cooperación, su mano, por eso se le conoce también como "mano e'vuelta". La desaparición de los terrenos comunes no significó la desaparición de los convites, ni de las acciones de cooperación y solidaridad campesina, manteniéndose estas actividades a pesar de la parcelación de la tierra. Esta es una cooperación de carácter defensivo-flexible, de los pequeños propietarios básicamente en espacios territoriales de poca o ninguna influencia del capital.

El convite ha permitido recoger la cosecha, levantar una casa, ponerle el techo, hacer una cerca o resolver las urgencias de una familia. También ha estado presente en las obras comunes: con convites se levantaron puentes, construyeron escuelas y puestos de salud, se hicieron y arreglaron caminos y carreteras. El convite es lo que nos convoca, nos hace ser comunitarios, tener co-responsabilidad por los impactos sociales y con lo que hacemos, comemos, usamos y con el cuidado de nuestro entorno, de nuestro ambiente, pues en últimas somos parte del problema, somos parte de la solución.

Diseñamos metodologías participativas de organización comunitaria, que analizan y atiendan diversas problemáticas, con capacidad para incidir en política pública, desde alianzas sociales, redes de apoyo e intercambio presenciales y virtuales, participando también en las opciones que brindan las tecnologías en el mundo.

 
  Investigamos, recopilamos y recreamos los valores culturales, estimulando su conocimiento, difusión y actualización, en busca de fortalecer la identidad cultural. Creamos, promovemos y fortalecemos procesos de comunicación para el desarrollo y el cambio social, como estrategias para democratizar la palabra y para el bienestar y la participación ciudadana.  
 
  • Gestión y producción radial
  • Consultoría en radio comunitaria
  • Radio escolar
  • Organización comunitaria
  • Periodismo narrativo
  • Investigación y realización de productos sonoros
  • Investigación en comunicación y desarrollo
(más…)